“L’Assalt “ 2012 Visió fotogràfica segons l’Alfred Redondo


 Ofrena floral de “Projecte Tarragona 1800”

 

 

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L’ASSALT: L’Acte commemoratiu del 201 Aniversari del Setge de Tarragona -28 de juny 2012-

 Ahir, dijous dia 28 de juny, va tenir lloc l’acte commemoratiu del 201 aniversari del Setge de Tarragona de 1811. Aquest acte, cloenda a tot una sèrie d’activitats, molt minvades per la crisis econòmica, però de gran contingut didàctic i cultural, han estat portades a terme de manera brillant, per l’Associació “Setge de Tarragona 1811” amb la col.laboració de l’Ajuntament de Tarragona.

Ahir, Projecte Tarragona 1800, va tenir l’honor de poder participar en l’organització de l’acte més emblemàtic i popular de tots els organitzats per l’Associació “Setge de Tarragona 1811”.

A les 20.00 h i amb una puntualitat britànica va començar la commemoració al Herois de Tarragona, davant del seu monument a la Rambla Nova de Tarragona. L’acte, moderat pel Sr. Elies Torres, coordinador de la cel.lebració, començà amb els parlaments del President de l’Associació “Setge de Tarragona 1811”, al Sr. Joan Ribas i el Regidor de l’Ajuntament de Tarragona, al Sr. Paco Zapater en representació de l’alcalde, que estava absent per motius de salut.

A continuació es portà a terme l’ofrena floral al monument per part de l’ajuntament de Tarragona, i que aquest any es feu extensiva a totes les Institucions, Entitats i Associacions de Tarragona que ho volguessin fer. Per ser el primer cop van ser un total de 15 entitats les que ho van fer: Ajuntament de Tarragona, Generalitat de Catalunya, Diputació de Tarragona, Subdelegació del Govern, Consell comarcal, CIU, CDC, Gremi de Pagesos, Agrupació d’Associacions de Setmana Santa, Ass. La Salle de Tarragona, Ass. Presa de Jesús, Veïns del Fortí de l’Oliva, Ateneu de Tarragona, Assemblea Nacional Catalana del Tarragonès i la nostra associació, que no hi podia faltar, Projecte Tarragona 1800. Destaquem, com a curiositat , l’ofrena floral que va fer la Massana International Society, un estament vinculat a l’Organització Napoleón de París.

Un cop finalitzada l’ofrena floral i després de la tradicional “Crida” comença el ja popular “’Assalt” amb més de 250 timbalers i un gran nombre de públic que a “Toc de Setge”, desfilà pels carrers més emblemàtics i significatius d’aquell dia 28 de juny de 1811. En un recorregut idèntic el realitzat per les tropes franceses el dia de la presa de la ciutat, els tarragonins enfilaren el carrer Assalt, la Rambla Vella, la Plaça de la Font, el Carrer Major i les Escales de la Catedral, on dipositaren una espelma amb record als herois anònims que defensaren i moriren aquells dies per Tarragona.

Un cop ja el Pla de la Seu, un repic frenètic i ensordidor del timbalers donà pas a un silenci colpidor que enfilà els últims moments de l’acte. L’ofrena floral davant de la placa commemorativa de la caiguda de la ciutat,  per part de l’Associació “Setge de Tarragona 1811” i l’últim parlament, tancà un acte que amb tres “Visca Tarragona”, s’endugué l’aplaudiment massiu de tots els tarragonins que estaven presents en el Pla de la Seu.

Un repic de Campanes, a càrrec del Campaners de la Catedral de Tarragona, i que durà exactament 15 minuts, acomiadaren a poc a poc tots els que vam ahir van viure el moment.

Tot i que en propers articles us anirem  penjant fotografies de l’acte, realitzades pels nostres fotògrafs, us fem arribar les primeres impressions que el diari Mes Tarragona, ha plasmat en les seves planes de bon matí.

 

Els últims 28 dies del Setge de Tarragona de 1811 (4a. Part i última)

28 DE JUNY

Al amanecer del 28, después de enviar un parlamentario, que fue rechazado por conservarse todavía alguna esperanza de socorro que procuraba Contreras alimentar en la guarnición, comenzaron aquellos a batir en brecha el cuerpo de la plaza, principalmente la cortina del frente de S.Juan, junto al ángulo entrante donde se une con el fuerte de S.Pablo, a 30 toesas de distancia, con 14 piezas de a 24 en cada batería. Nuestro fuego fue tan vivo y acertado, y tan descubierto estaba el enemigo, que a las dos horas pudo publicarse para alentar a los defensores, que los contrarios tenían ya desmontadas 7 de sus piezas. A las diez incendió una bomba enemiga el repuesto de pólvora de Cervantes, inutilizando completamente tan desgraciado incidente la defensa de aquel angostísimo punto, donde perecieron muchos de nuestros valientes soldados. A las dos de la tarde nuestros fuegos se habían debilitado extraordinariamente, aunque el ánimo de las tropas permanecía inalterable en medio del estrago.
La brecha empezaba a ser practicable a las primeras horas de la tarde, pues aunque solo se había desmoronado el merlón y poco más de la cortina batida, podían entrar ya ocho hombres de frente por la abertura, facilitando el acceso la falta de foso y los mismos escombros. Sabiendo el francés la llegada de la división inglesa, y que no andaba lejos el ejército español de operaciones, apresuró la acometida y lanzó sus tropas a la brecha sin esperar a que estuviera del todo practicable.
Contreras, que al principio había tratado de resistir a todo trance, trató ya a las primeras horas de los progresos del enemigo, de poner en salvo la guarnición, aunque para ello fuera necesario hacer un supremo esfuerzo. La operación era en verdad arriesgada, y exigió mucho tino y firmeza. Ya los sitiadores tenían tomados todos los pasos, y sobre el camino real de Barcelona, en los puntos del Ermitaño, Loreto, Olivo y mamelones inmediatos a dicho camino habían apostado destacamentos considerables y firmes en sus posiciones. El embarque estaba del todo interceptado por las baterías del puerto que impedían la aproximación de los buques, pudiendo solo de noche arrimarse a la playa alguna que otra lancha para el transporte de heridos. No era posible pues verificar la salida sino por el espacio que media entre Constante y el Olivo, inclinándose hacia el pie de este fuerte para tomar prontamente la dirección de las montañas del Vendrell.
Los enemigos no podían presentar por este lado un frente de 6000 hombres, por tener repartidas sus fuerzas, unas observando a Campoverde, otras, ciertamente las más respetables, en la marina, destinadas para el asalto y auxiliarle, y las demás de observación en diferentes puntos, distantes de la plaza sobre el camino de Reus, en el Coll de Balaguer y otros varios. Examinóse detenidamente este paso, con presencia de un croquis topográfico que se formó, se previeron las dificultades que podía ofrecer la retirada por aquel punto, y se dispuso verificar la salida a la primera hora de la noche del mismo infausto día 28 de junio, hora en que se calculó que habrían los imperiales aportillado el muro batido, y se arrojarían al asalto a fin de ocultar su fuerza real y su verdadero objeto; en cuyo instante principiaría la guarnición a desfilar por entre Costantí y el Olivo, de suerte que por mucha prisa que los enemigos se diesen no podrían presentar un frente capaza de detener a los españoles.
La guarnición debía salir en tres secciones. La de vanguardia fuerte de 1500 soldados, mandada por el coronel Roten; la segunda o del centro, de 2000 hombres a las órdenes del general Courten, y la tercera regida por el coronel Eguaguirre, compuesta de 2900 infantes, entre ellos 400 granaderos, que después de haber esperado en la plaza a los franceses, debían retirarse en escalones, en tanto que 1000 cazadores de la misma porción esparcidos sobre el flanco izquierdo harían fuego contra los enemigos de la primera paralela, y los 1500 restantes seguirían en columna cerrada a las precedentes secciones. No había que temer por esta parte el fuego del cañón del Olivo, ni el de la batería, situada en el puente del camino de Reus, aquel por la distancia y ésta por haber sido construida para ofensa de la plaza y tener cerrada toda su circunferencia, a excepción del boquete que miraba al río, lo cual le imposibilitaba por consiguiente ofender a los nuestros en el corto trecho que podía descubrirles, sobre todo en medio de la oscuridad y confusión que en aquellos momentos reinarían. El estado mayor, los equipajes y los utensilios de guerra debían marchar entre la sección del centro y la de retaguardia.
La salida debía verificarse por la poterna de la línea del Rosario que estaba a cubierto de la zanja dirigida al fuerte de Reding, inmediato al acueducto del Olivo. Los oficiales de artillería iban provistos ya de martillos y clavos para inutilizar los cañones que se dejaban en la plaza; pero ignoraban la hora y aún el dia de partida. A las doce se ofició al general inglés Doyle que estaba a bordo de uno de los buques de su nación para que dispusiese la aproximación de algunas lanchas de transporte para el embarque de los heridos. Contreras tenia escrita una carta para Suchet, suplicándole usase de humanidad con los militares y paisanos que a su entrada hallase en la plaza. A fin de no carecer de provisiones se dieron instrucciones reservadas al ministro de la real Hacienda.
El comandante general había puesto en la órden del día, para estimular a la guarnición desanimada con la falta de socorro, que el barón de Eroles iba a llegar de un momento a otro con refuerzos considerables, y que en el interin era preciso defenderse con obstinación y heroísmo.
El coronel Eguaguirre que mandaba desde el dia 25 en la segunda línea que venía a formar el punto de la Rambla, había, con objeto de ganar tiempo y contener un golpe de mano, temible siempre en tan audaz enemigo, sobre todo en el instante de la concertada salida, hecho construir zanjas sobre piedra viva en todas las bocacalles que van a la pescadería y a otros puntos de la ciudad; formó parapetos con pipas y arena, mandó tapiar todas las casas, dándolas comunicación con toda la dirección de la Rambla y abriendo en ellas aspilleras tras las que se colocaron dos batallones de Almería. Hizo derribar la escalera de la torre de Santo Domingo y las de todas las casas de la línea de este convento al objeto de aumentar a los franceses las dificultades, privándoles de que pudiesen de pronto fortificarse a su llegada. Mandó habilitar sobre la puerta de Barcelona un cañón de barbeta para barrer a metrallazos de la línea a los imperiales que se corriesen por la parte de la muralla, cerró una puertecilla que sobre la misma había contigua al convento de S.Francisco; bien que luego la mando abrir el coronel Canaleta a pretexto de que pertenecía aquel punto al distrito de su mando.
Aunque todo estaba dispuesto para la retirada que debía tener lugar a las ocho y media, debía por la premura del tiempo y por exigirlo así la misma operación, defenderse la brecha con el mayor empeño. Con tal motivo arengó Contreras, a las cuatro y media, a los granaderos provinciales de Castilla la Nueva, que en número de 250 estaban en la Rambla, y alentándolos con enérgica voz los condujo a la brecha entusiasmados y exhalando frenéticos vivas. Siguieronle también los del regimiento de Almería, fuerte, como se ha dicho de 900 plazas.
El enemigo tenía envuelta la plaza en un círculo de fuego, con más de 50 baterías, entre ellas la que estaba situada sobre el convento de Capuchinos, y cuyas 8 piezas destinadas a batir en brecha el muro de su frente, ensanchábanlo por momentos con sus incesantes disparos, azotando continuamente los escombros que las ruinas formaban, e impidiendo que hicieran los nuestros reparo alguno. No obstante, con buen número de colchones que de milagro lograron los sitiados proporcionarse, formaron como pudieron espaldones a derecha e izquierda de la brecha. Mandaba en ella el bizarro brigadier D. Pablo Mesina. Era la muralla un antiguo y ruinoso torreón, sin foso, contraescarpa ni camino cubierto, de suerte que los escombros que en las fortificaciones regulares sirven al objeto que se propone el sitiador para cegar el foso y formar la rampa, en esta ocasión casi le aprovechaban para guarnecerse a modo de parapeto. Ya hemos dicho que los fuegos de flanco habían sido apagados a los españoles después de las primeras horas de combate.
Tres veces, a pesar de todo, intentan los franceses, conducidos por los generales Habert, Ficatier y Montmarie, subir a la brecha, pero otras tantas les arroja nuestra metralla a gran distancia. El campo está materialmente cubierto de muertos y heridos. Los enemigos vacilan, rehúsan volver a tentar otra acometida, pero acude en su ayuda la reserva, medio ebria por el vino y el aguardiente con pólvora con que han procurado enardecerla sus jefes; los mismos ayudantes de Suchet marchan a su frente; un batallón de oficiales se lanza el primero al lugar del peligro, para dar ejemplo de valor a los soldados a quienes intimida la enérgica resistencia de los españoles, y la lucha se recrudece más y más. Las primeras filas de los acometientes perecen por entero antes de poner el pié en la rampa; y sin embargo no cesa el oleaje de enemigos, ni basta a contener tanta multitud de asaltantes el redoblado cañoneo con que son recibidos. Al fin, trepando sobre montones de cadáveres de los compañeros que les han precedido, coronan la brecha, la obstruyen, la ganan, la pasan, invaden la cortina y baluarte de S.Pablo, y con la celeridad del rayo se extienden y corren por lo largo del adarve, ciegos de coraje y ansiosos de venganza, a caer por todos lados sobre cuántos puntos estén en el interior del recinto dispuestos a continuar la defensa.


Poco más de las seis serian cuando envueltos por los franceses y batiéndose a la bayoneta con ellos, cejaban fatigados por la calle de S. Juan hacia la Rambla los restos de los granaderos provinciales de Castilla la Nueva y algunas compañías de Almería, disputando a palmo el terreno, precisamente mientras Contreras exhortaba al primer regimiento de Saboya y a otros varios cuerpos. Los soldados empezaban a titubear y desoyendo las voces de sus jefes, se dieron a huir hacia la marina la mayor parte de las tropas. Sostuvieron se con todo, por algunas horas en las casas aspillerazas y en los parapetos de las bocacalles, los dos bizarros batallones de Almansa, que en ellas se hallaban preventivamente apostados, conteniendo el avance francés, pero hiriendo a un mismo tiempo a este y a los nuestros, por cuyo motivo hubo de mandarse suspender el fuego de fusileria, disparando solo los que estaban en la calle.
Mandó entre tanto Eguaguirre a su ayudante Ramos que pasase a la línea de S.Magín y el rosario, a fin de conducir a la Rambla el 3º de cazadores de Valencia; mas ya Courten había cerrado la puerta de S.Magín, lanzando su división contra la columna italiana y cazadores del 24, que por el Loreto, el Ermitaño y la casa del Portazgo, del camino real de Barcelona, bajaban a atacarle.
En la segunda línea se habría prolongado la resistencia, si tan denotados defensores no se hubieran visto de pronto acosados fuertemente por la espalda, a causa de haber los enemigos hallado abierta y desamparada la puertecilla subyacente a la puerta de Reus en la muralla de S.Francisco, que dijimos había mandado franquear de nuevo el coronel Canaleta. Pasando pues desde allí los acometientes a la plazuela de S.Francisco, fusilaban por retaguardia a los soldados españoles que se sostenían en los parapetos de las bocacalles de la Rambla.
La afluencia de tropas enemigas sobre este punto era extraordinaria. Por fin, cerca de 1500 granaderos, entraron en la Rambla sostenidos por cuatro batallones de línea. El combate que allí se trabó fue el más ensangrentado de la jornada. Ya no se disparaban los fusiles, sino que se hería con la bayoneta o con el sable. Barreras llegaban a formar a los vivos los cadáveres de los que sucumbían.
Disminuido considerablemente el número de los nuestros, y atacados con vigor por frente y espalda; prisionera la división exterior que en este tiempo había tratado de abrirse paso en columna cerrada por en medio de las crecidas fuerzas sitiadoras, hacia la parte de Altafulla (El comandante de la derecha que mandaba la línea y fuertes exteriores de aquella parte con unos 3000 hombres que tenia a sus órdenes, y la multitud de gente que huyendo del teatro del horror se unió a su división intentó abrirse paso por el camino de Barcelona. Los franceses previendo sin duda este caso, porque pocos días antes por el mismo habían salido una partida de caballería, a cosa de media hora de distancia habían hecho una cortadura y empalizada que guardaban 2000 hombres con tres piezas de menor calibre. Al llegar nuestra división recibió una descarga de metralla; y vista la dificultad de penetrar se hizo la señal de rendición, pidiendo que a nadie se matase. Accedió el comandante francés, mas no lo cumplió: el ser paisano era delito de muerte para aquellos monstruos. Empiezan luego con el más cruel encarnizamiento a degollar cuantos se conocían tales. Todos hubieran tenido igual feliz suerte a no haberse unos vestido la ropa de los soldados muertos; estos escapando ocultándose por la viñas y montes vecinos, donde aún eran fieramente perseguidos; otros en fin echándose al mar, ahogándose muchos, salvándose solo los que nuestros amigos ingleses con sus botes pudieron recoger.), retirándose los que pudieron verificarlo a las escaleras de la Catedral: postrer baluarte donde habían de espirar las últimas víctimas de Tarragona. Allí les siguieron los enemigos, dueños ya desde ese momento de la plaza. Allí pereció el gobernador de la plaza, D.José González. El comandante general Contreras acabada de ser herido de un bayonetazo en el vientre, mientras pasaba a la puerta de S.Magín con objeto de reunir la gente que pudiese y cargar con ella al enemigo, salvarla durante la noche o emprender la salida rompiendo por medio de los contrarios. Luego corrió la voz de que había muerto, con lo que acabó de hacerse general el desorden.

(A.Blanch, 1863)
El general Habert era el jefe de las operaciones de asalto, quien al efecto había escogido las tropas más aguerridas, formando tres columnas y dos de reserva.
La 1ª columna, al mando del coronel Paul, tenía orden de franquear la `parte de la brecha, tomar hacia la derecha, apoderarse de los baluartes de San Juan, de Jesús y de Cervantes, correrse con la mayor celeridad hacia la puerta de San Antonio y establecerse en ella lo más sólidamente posible, a fin de impedir a los defensores de la plaza la salida hacia el mar.
La 2ª columna, al mando del comandante Felici, había de mantenerse detrás de la 1ª hasta llegar a la brecha, y una vez hubiese llegado la 3ª, que había de dirigirse hacia la izquierda, tenia encargo de ocupar la barriada de la Rambla, dirigirse a la Catedral, apoderarse de ella y rápidamente buscar contacto con la 1ª y 3ª columnas, de las cuales esta última habría ya llegado a la puerta del Rosario y la 1ª a la de San Antonio.

La 3ª columna, mandada por el coronel Ordioni, llevaba la orden de recorrer a la izquierda los muros de la ciudad, apoderarse del bastión y puerta del Rosario y de los fuertes de Reding y San Pedro.
La 4ª columna, a las órdenes del general Ficatier, formaba la primera reserva, y la 5ª y última columna, al mando del general Montmarie, constituía la brigada de observación.

Bianchini, el bravo sargento italiano que alentó a las tropas enemigas a arrollar definitivamente a los defensores, en la última e irresistible oleada, sucumbió en la misma brecha de la muralleta.

La defensa del Portalet estaba confiada a los milicianos con D. Joaquín Fábregas.
(A. Alegret, 1911)

El día 28 de junio, a las cinco de la tarde, los franceses iniciaron el asalto final. La resistencia organizada no se prolongó más de dos horas. Después, los excesos de los vencedores persistieron tres días ocasionando más de 5600 víctimas, entre las cuales por lo menos se contaron 300 niños y mujeres. Toda la ciudad fue pasada a sangre y fuego.

(José Mª Recasens, 1965)

Els botons de l’uniforme de les Milícies Urbanes de Tarragona

 En aquests moments estem treballant en l’uniforme que portava la Milícia Urbana de Tarragona, creades l’any 1810 i que desapareixeren durant el Setge de Tarragona de 1811. Un dels molts problemes a l’hora de recrear amb el màxim rigor històric aquests uniformes és la poca informació documental que hi tenim sobre ells.

Un dels temes, en concret els botons de l’uniforme, és un tema totalment desconegut per tots. Desconeixem si es van fer botons especials per aquestes Milícies. A hores d’ara cap especialista en botons militars ens ha pogut dir alguna cosa sobre ells, ni hem estat afortunats de veure’n cap d’ells.

Però com que ens son necessaris, podem fer dues coses. La primera, posar un botó sense lletres ni símbols o la segona fer una hipòtesis o una creació nova a l’estil de l’època. Nosaltres hem optat per aquesta segona tot i que si en algun moment n’apareix algun, els canviaríem immediatament.

El botó que podeu veure en la primera foto està creat a partir d’un muntatge en photoshop del botó de les Milícies Urbanes de Ciudad Rodrigo.

En aquest article us afegim algunes mostres d’altres botons de la mateixa època d’altres Milícies Urbanes del país.

Ens agradaria que ens donéssiu la vostra opinió o suggeriments o, i això seria extraordinari, alguna pista o foto dels botons autèntics de les Milícies Urbanes de Tarragona.

Els últims 28 dies del Setge de Tarragona de 1811 (3a. Part)

17 DE JUNY

Adelantaron los sitiadores a la zapa volante por el foso del lado derecho de la luneta del Príncipe, hasta el ángulo más avanzado de ella, donde empezaron la tercera paralela en la noche del 17, continuando a la zapa llena contra la media luna del Rey y contra el baluarte de Orleáns, llegando hasta la contra-escarpa. La artillería reparó entre tanto sus baterías, y sobre el terraplén de la luneta del Príncipe emplazó la nº20 con cuatro piezas de 24, destinadas a abrir brecha en el baluarte de S.Carlos. Esta operación fue dificilísima; pues hubo que avanzar el parapeto para dejar sitio a las piezas. Durante la noche del 18 se adelantaron los trabajos de la tercera paralela y se reconoció el foso del baluarte de Orleáns por el Teniente de Ingenieros Wacrauser, decidiendo el comandante general Rogniat construir una bajada subterránea paralela a la contra-escarpa que estaba revestida, juzgándose esta operación menos peligrosa, que hacer una galería blindada, para la cual era preciso destruir antes el revestimiento. El sitiado, en cuanto lo notó, dirigió un fuego terrible contra dichos trabajos, habiéndose contado 37 granadas que cayeron seguidamente sobre el coronamiento de la contra-escarpa. El teniente de artillería, Barbaza, de que ya se ha hecho mérito, consiguió descolgar desde la plaza al foso dos piezas ligeras, que situó a algunos metros de distancia, ametrallando a los trabajadores franceses y obligándoles a suspender su avance, si bien perdiendo 5 de los 8 artilleros que le acompañaban.
(Salas, 1882)
Siguieron los franceses sus trabajos de ingeniería continuando el trazado de la tercera paralela, comenzada el día 17 en el foso del lado derecho de la luneta del Príncipe. Iba dirigida contra la media luna del Rey y el baluarte de Orleáns, hasta cuya contraescarpa llegaron. Al mismo tiempo establecieron una batería de cuatro piezas de a 24 en la luneta del Príncipe, para aplicarla a la ampliación de la brecha abierta en aquel baluarte.
Estos aproches no se practicaron en silencio y con tranquilidad, pues los sitiadores distraían la plaza con fuegos desde distintos sitios. Así, el día 17, según apunta el diario de operaciones de la división Mesina, siguieron tirando bombas y granadas desde la Oliva con bastante actividad.
Contra estas operaciones ejecutadas con tanta perseverancia como habilidad por los ingenieros franceses dirigidos por el experto general Rogniat, los sitiados se defendían con tenacidad. Su artillería bien dirigida causaba daños en las obras francesas, ya volando algunos de sus repuestos, ya destruyendo los parapetos de las baterías y acallando por largas horas los fuegos. Sarsfield, jefe de las tropas que defendían la marina y su arrabal, como ya hemos dicho, no desmayaba en su empeño, multiplicándose para estar presente en todos los lugares de peligro y animar a los defensores con su ejemplo.
Al establecer los franceses las baterías de brecha en su tercera paralela contra los baluartes ya artillados de Orleáns y San Carlos, Contreras hizo levantar atrincheramientos y barricadas para cubrir las brechas que, calculaba, haría practicables muy luego la artillería enemiga. También hizo contraminar el primero de aquellos baluartes y dispuso cuantos preparativos son de suponer para rechazar el ataque que, en la noche del día 20 se veía, más que próximo, inminente.
(Recasens, 1965)

18 DE JUNY

El 18 había abierto ya el enemigo la tercera paralela, llevando dos ramales de trinchera sobre el ángulo saliente del camino cubierto y sobre el de la media luna; coronó la cresta del glacis y practicó la bajada al foso del baluarte de Orleáns, perfeccionando las demás obras. Contra este ataque se previno Contreras, construyendo detrás de los puntos donde se proponía el enemigo practicar las brechas, los convenientes atrincheramientos, y también hizo contraminar aquel baluarte dejando cargados los hornillos.
(Blanch, 1863)

Adelantando el sitiador sus trabajos, terminó la 3ª paralela en la noche del 18 al 19, y empezó la construcción de una bajada subterránea al foso del baluarte de Orleáns, a lo largo de la contraescarpa que estaba repartida, continuando después a la zapa llena hasta lo alto de la brecha abierta en el muro, cuya peligrosa operación retardó la artillería de la plaza con terrible fuego, pues se contaron 37 granadas seguidas que dieron en el coronamiento de la contra-escarpa, rodando algunas de ellas hasta el fondo de la galería subterránea que hubo el enemigo de abandonar durante muchas horas…..Viendo el teniente de artillería Sr.Barbaza que las piezas de un lado del baluarte de Orleáns no podían funcionar con éxito, se decide a descolgar desde el adarve al foso dos cañones ligeros; los coloca al pié del baluarte y ametralla a los trabajadores a pocos metros de distancia, perdiendo en cambio 5 de los 8 artilleros que le acompañaban.
Los defensores del baluarte de Orleáns, después de una tenaz lucha se retiraron a la plaza, olvidándose de volar la contramina que, con los hornillos cargados, existía en dicha fortaleza, y como consecuencia se retiraron los del Fuerte Real.
(Alegret ,1911)

19 DE JUNY

Verificóse por el Capitán de Ingenieros francés Marión, en la noche del 19 un reconocimiento en el foso del baluarte de San Carlos, encontrando sin revestir la contraescarpa y con sólo unos 10 pies de profundidad. La misma noche se adelantó mucho también en la bajada al foso del baluarte de Orleáns.
(Salas, 1882)

20 DE JUNY

En el día 20 se desembocó en el foso del baluarte de Orleáns, continuándose todos los trabajos, avanzando a la zapa llena por la brecha abierta en la falsa braga, y llegando así hasta lo alto de ella. Esta operación de tomar a la zapa una brecha, es digna de ser citada, pues ocurre muy rara vez en los sitios de las plazas. Continuaban los españoles sin descanso un nutrido cañoneo sobre todo los parapetos.
(Salas, 1882)

21 DE JUNY

Al amanecer del 21 descubrió el sitiador por su derecha, sobre la luneta del Príncipe, una batería de 4 cañones que rompió el fuego contra el fuerte de S. Carlos, siguiendo el resto de las baterías enemigas desmontando el poco resguardo que a nuestras tropas quedaba en los parapetos de Orleáns, luneta del Rey y S. José. Tan vivo fue su cañoneo que a las diez tenían abierta una brecha continuada en toda nuestra línea, habiéndonos desencabalgado las piezas que quedaban en estado de servir. El enemigo siguió arrojando de seis en seis las bombas contra el puerto y la plaza, sin cesar de batir con munición sólida indistintamente.
Había hasta entonces defendido con intrepidez e inteligencia Sarsfield la línea del arrabal, pero habiendo pedido a él o a Roten el general en jefe para confiarle el mando de una división, prefirió Contreras enviarle el primero, según asegura Toreno echando en cara al comandante general la imprudencia de deshacerse en tan críticos momentos de un jefe que tan buenas disposiciones había encontrado. La guarnición sin embargo se creyó abandonada viendo embarcarse precipitadamente a Sarsfield con sus edecanes hacia el cuartel general. Pero ni Contreras fue imprudente ni Sarsfield desertor o cobarde; aunque este último no hubo de ser tan apremiadamente llamado, que no le sirviese de honroso descargo el haberse quedado a combatir aquel día. Campoverde pudo pedir que se le enviase a Roten o Sarsfield, pero es lo cierto que éste se ausentó de Tarragona la tarde del 21, entregando el mando a su segundo el coronel D. José Carles, sin conocimiento de Contreras, y según comunicó éste a la junta superior en su parte del mismo día, “dejándolo todo comprometido”.
Previéndose el asalto fueron reforzados los puntos, hasta donde alcanzaron las tropas de guarnición, no habiendo quedado más reserva que el regimiento de Santa Fe, fuerte en todo de 300 plazas. El brigadier Velasco no ocupó sino más tarde en la marina el puesto que Sarsfield acababa de dejar. Al anochecer avanzó el enemigo bruscamente con gran algazara, cargando en cinco columnas y a un mismo tiempo por S. José, S. Carlos, luneta del Rey y Orleáns, hasta forzar las brechas. Sus tropas eran de refresco y las nuestras fatigadas, sin `poder tomar alimento. Esto hizo que fueran los españoles retirando hacia la cortadura, en donde indudablemente hubieran contenido a los acometientes, o disputándoles cuando menos el terreno con verdadero encarnizamiento, mas dirigiéndose entonces los franceses al fuerte Real, y desplegando sobre la retaguardia de los españoles, fue a estos preciso replegarse sobre la plaza haciendo fuego. Estaban aún en dicho fuerte cargados los dos hornillos que quedaron, con la precipitación de los nuestros, sin encender. Aunque eran poco practicables las brechas, apoderáronse los enemigos por escalada de todos los puntos hasta el fuerte _Real, penetrando en ellos mezclados con nuestros soldados de lo que resultó un degüello espantoso.
Inmediatamente que el comandante general de la plaza, quien se hallaba sobre el segundo recinto y puerta de San Juan, con algunas tropas de reserva, vio venir sobre él confundidos franceses y españoles, conoció que al igual de lo que había sucedido la noche del 16, en la cual se introdujo el enemigo envuelto con nuestros soldados por la puerta de S .José hasta la batería de este nombre, por estar el puente sin levantar, intentaba ahora sacar con parecido intento mayor ventaja, hizo cerrar la puerta que los franceses creían descuidada, sin cuya pretensión indudablemente se hubieran los imperiales introducido en la plaza; gritó al primer regimiento de Saboya, que se formase en batalla al pié del muro, como lo verificó con presteza separándose de los franceses. Luego que estuvo Saboya bajo la protección de los fuegos de la plaza, comenzó ésta un terrible fuego de fusilería y metralla que obligó a los enemigos a retirarse con pérdida horrorosa de muertos y heridos. Un capitán de ellos tuvo la temeridad de llegar hasta la misma puerta con su compañía de granadero, quienes a empujaron con las culatas de sus fusiles; pero empezando por el capitán y el tambor, quedaron muertos casi todos a dos pasos de distancia.
Aunque con denodada oposición enseñoreose el sitiador del arrabal y del muelle, ensangrentándose en el paisanaje, y vengándose en fin, en cuanto pudo destruir, de las pérdidas que había experimentado. Velasco, enviado por Contreras para que se pusiese al frente de las tropas que defendían aquel punto, no llegó sino para presenciar como lo entraban al asalto los imperiales. Saltando por encima de las cortaduras de Cervantes y del Rosario se acogieron a la plaza los fugitivos. El enemigo estableció en seguida en el muelle una batería de un cañón y un obús al efecto de incomodar el nuevo embarcadero del Milagro, por donde se comunicaban con el mar los sitiados, después que no pudieron por el mulle. También con la ocupación del arrabal perdieron estos la fuente que abundantemente proveía a la guarnición y al vecindario; más no experimentaron por eso absoluta falta de agua. Nuestras pérdidas excedieron aquella noche de 500 hombres. La mortandad del ejército imperial fue considerablemente mayor. Contribuyeron a ella los tres navíos y dos fragatas inglesas, y especialmente la aumentaron después de las últimas horas de la noche, disparando contra los trabajadores y tropas que los sostenían, así como contra los que en el arrabal saqueaban las casas abandonadas.
Creyó el francés que solo le faltaba ya alargar la mano para apoderarse de Tarragona, y por demás engreído con su triunfo, hizo señales para ver si tenía el español intención de rendirse; pero con altanero silencio fue su invitación contestada. La impaciencia de Suchet era extremada en efecto. Distintas veces había paseado por Reus una larguísima bandera encarnada con este mote “Viva el emperador”, con intención de enarbolarla aquel día en el baluarte más alto de la ciudad.
Furioso con el silencio de los nuestros, mandó Suchet abrir la misma noche del 21, la primera paralela contra el principal recinto delante del fuerte Real, apoyando su izquierda en el baluarte de Santo Domingo, y prolongando hasta el mar la derecha. Pocas en verdad y flojas eran las obras que le faltaba expugnar, pero fuertes y decididos los pechos que le aguardaban en ellas.
(Blanch, 1863)


22 DE JUNY

Ayer al amanecer se descubrió por nuestra izquierda una batería de 4 cañones sobre la luneta del Príncipe, la que rompió el fuego contra el fuerte de San Carlos, siguiendo el resto de las baterías gruesas enemigas desmontando el poco resguardo que quedaba a nuestra tropa en los parapetos de Orleáns, luneta del Rey y San José. Fue más vivo de lo que puede explicarse el fuego, tanto que a las 10 de la mañana tenían una brecha continuada en toda nuestra línea, habiéndonos desmontado las pocas piezas que había en estado de servir. El enemigo siguió arrojando de 6 en 6 las bombas contra el puerto y plaza, sin cesar de batir con munición sólida indistintamente.- Previéndose el asalto, se reforzaron los puntos hasta donde alcanzaron nuestras fuerzas, no habiendo quedado mas reserva que el regimiento de Santa Fe, fuerte en todo de 300 plazas.- Al anochecer avanzó el enemigo bruscamente con grande algazara, cargando a un mismo tiempo por San José, San Carlos, luneta del Rey y Orleáns hasta forzar las brechas. Sus tropas eran todas de refresco, y las nuestras contaban ya muchas horas sin un momento de descanso, ni otro alimento que algún trago de aguardiente, y esto en medio del mas horroroso fuego en defensa de las brechas. La referida ventaja del enemigo, la numerosa fuerza que destinó al asalto, y el estado de nuestros soldados los precisaron a estos a irse retirando a la cortadura, desde donde hubieran arrojado al enemigo, o al menos disputado a palmos el terreno; pero habiéndose dirigido este al fuerte Real, y desplegado por nuestra retaguardia, fue preciso a nuestras tropas replegarse sobre la plaza haciendo fuego. Este y el de las murallas, hasta cuya inmediación llegó el enemigo, le obligaron a retirarse con bastante pérdida a la marina y puntos exteriores que había tomado al principio del aproche.- La mayor parte de nuestra artillería que se hallaba desmontada en los citados puntos que forzó el enemigo, fue también clavada, a pesar del obstinado ataque. No debe extrañarse en nada este incidente que no degrada en lo más mínimo el valor de nuestros guerreros, atendiendo a que hacía ya algunos días que todas nuestras obras exteriores formaban una línea de solo ruinas, sin más obstáculo al cañón y bayonetas enemigas, que los pechos de nuestros oficiales y soldados. Inmediatamente que el comandante general de la plaza D. Juan Senén de Contreras oyó el fuego de los puntos atacados, conoció que la intención del enemigo era no solo tomar los fuertes exteriores, sino aprovecharse de la confusión que debía suponer reinaría en el momento de la retirada de nuestras tropas, e introducirse envuelto con ellas en la ciudad como le sucedió en la puerta de San José la noche del 16 que penetró en los mismos términos hasta la batería de este nombre, por haber encontrado el puente levadizo sin levantar. No fue infundado el pensamiento, porque dejándose los enemigos a retaguardia nuestras tropas, y despreciando todos los inconvenientes, avanzaron en pocos momentos con una fuerte columna de granaderos hasta llegar a la misma puerta de San Juan que creían descuidada; pero se equivocaron, porque el comandante general había acudido a aquel punto y mandado cerrar la puerta, guarneciendo la parte inmediata de la muralla con el primer regimiento de Saboya, cuyos fuegos hicieron retroceder al enemigo, dejándose muertos a la misma puertas un capitán, un tambor y muchos granaderos. A pesar de la viveza del ataque, verificado por las mejores y más escogidas tropas del ejército de Suchet, no tuvieron estas grandes ventajas, porque sufrieron una pérdida considerable, y quizás mayor que la nuestra, que lo fue igualmente.
(La Gaceta, 1811)

Nota: “La Gaseta” deix de constatar a partir d’aquest dia els fets final del Setge fins al dia 28. No hi ha cap més referència.

La guarnición no podía hacer las frecuentes y enérgicas salidas que son en tales casos la principal defensa de una plaza, por carecer de obras exteriores donde recogerse en su retirada la tropa, por la falta de un orden regular de fortificaciones y la escasez de puntos de salida, todos los cuales eran batidos de frente por el cañón enemigo, de manera que antes de dejar los españoles los muros habrían ya sido crudamente ametrallados. Solo pudieron mantenerse fuera algunas partidas de tiradores que salían de noche en número de 50 o 60 por las cortaduras del Rosario a la derecha, y de Cervantes a la izquierda.
El enemigo adelantó en los días siguientes sus trabajos, a pesar de la viva oposición de nuestra artillería y fusilería, y a fin de preparar el ataque contra el casco de la ciudad, abrió su segunda paralela a 60 toesas y plantó nuevas baterías de brecha. Los moradores de Tarragona acostumbrados a sortear las granadas y bombas, cuyo disparo les avisaba la campana, apenas recibían daño en sus personas, amparándose de los portales y otros resguardos, y tomando a veces como diversión el peligro. No sucedía así con las tropas que guarnecían las murallas. El daño era en ellas más frecuente e inevitable.
Nuestros soldados, aunque pocos en número y diezmados por la inmediación de los fuegos enemigos, no se desalentaban sin embargo. Su fatiga tocaba ya por otra parte el último extremo de la resistencia. La esperanza de socorro se desvanecía y contribuía al desaliento de algunos pocos que se sustrajeron cobardemente aquellos días a su deber, ya embarcándose con pretexto de acompañar heridos a los buques, ya escondiéndose en un rincón de alguna casa a prueba de bomba sin duda.
La inmediación de los enemigos había apremiado a Contreras a escribir a la superior y al general en jefe apremiando repetidamente el ofrecido auxilio. Pero las avanzadas de las tropas de Campoverde no pasaban de Altafulla y Torredembarra, sin incomodar al sitiador.
(Blanch, 1863)

23 DE JUNY

Por fin, púsose en movimiento Campoverde el 23, desde Montblanch, donde había algunos días antes trasladado sus reales, hacia Villarodona. Miranda, al frente de la división valenciana que había salido de Tarragona con Campoverde, y 1000 infantes de la de Eroles, con 700 caballos, partió con objeto de embestir los campamentos franceses de Hostalnou y Pallaresos, mientras el general en jefe pasaba a situarse sobre el Catllar, hacia la izquierda, a fin de sostener el ataque, favoreciéndolo además con un amago cuya ejecución estaba encomendada a Torrijos.
El general Suchet, sin separarlas mucho del sitio, reunió en espera de los españoles sus principales fuerzas, creyendo ser atacado por la parte de Vilallonga. Miranda no desempeñó su encargo so pretexto de que no conocía el terreno y alegando dudas y temores que no le ocurrieron la víspera, y para las que no había nueva razón. Lavó hasta cierto punto la mancha D. Juan Caro, de vuelta de Valencia, sorprendiendo y acuchillando en Torredembarra a unos 200 franceses. Más se perdió la ocasión de aliviar a Tarragona, y Campoverde, aunque mal de su grado, tiró la vuelta del Vendrell.
(Blanch, 1863)


24 DE JUNY

Antes, sin embargo, esto es el 24, creyese en la plaza que Campoverde atacaría aquel día de frente a los sitiadores, según estaba convenido con el cuartel general, del cual por telégrafo debía hacérseles seña que indicase el momento de dar principio a la operación. Sobre 4000 hombres de la fuerza sitiada salieron a las cuatro de la tarde, y apoyándose en el glacis extendieron su línea de batalla sobre el camino real de Barcelona, inmediato a la casa del Portazgo, punto descuida hasta entonces por los enemigos. Hallábase esta tropa escogida entre las mejores de la guarnición, distribuida en dos secciones de 2000 hombres cada una, mandada la primera por el coronel Eguaguirre y por el coronel Roten la segunda, ambas a las inmediatas órdenes del general Courten.
En esta disposición se hallaban aguardando con impaciencia la señal del telégrafo. Pero la señal no se hacía, y los franceses atentos a las bélicas disposiciones de los nuestros, destacaron varias partidas que aceleradamente pasaron de la parte de la marina al ángulo final de la izquierda, centro de las fuerzas superiores que miraba al ejército exterior del principado.
Esta operación que al parecer debía trastornar el plan de ataque, por nuestra parte no produjo otros efectos que el de la exasperación de las tropas. Los jefes, los oficiales y los soldados sabían con evidencia que los franceses no tenían por aquel lado fuerzas capaces de contener el ímpetu furioso con que iban a cometerlos, mientras no abandonasen todos los puntos de la dilatada línea de circunvalación y contravalación. Era de suponer que el ataque de la división de la plaza sería capaz de arrollar cuanto se le opusiese. No se trataba de atacar una batería o tomar un parapeto y volver a la plaza, sino de derrotar al ejército sitiador o a la mayor parte de sus fuerzas, tras lo cual no le quedaba mas recurso que levantar el sitio; empresa ciertamente dificultosa. Después de esperar en vano el convenido aviso, regresaron ya anochecido a Tarragona las fuerzas de Courten, coléricos, furibundos, desesperados, soldados y oficiales. Semejantes decepciones en momentos tan supremos debilitan más a la tropa que la contrariedad de las armas.
(Blanch, 1863)

25 DE JUNY

A todo esto el vocal de la superior cerca del cuartel general en el Vendrell, D. Valentín Segura, que a pesar de las seguridades que verbalmente le habían dado el marqués, vio que nada se había hecho el 23 ni el 24, y que trascurría el 25 sin que se demostrase mayor actividad, pidió que se formase dentro de cuatro horas un consejo de guerra en el cual se le admitiera, a fin de adoptar la resolución mas conforme a las circunstancias, y resolver si se estaba en el caso prevenido por S.M. las cortes, esto es, que siempre que se tratare de la rendición de una plaza, se diese el mando al jefe que viniera inmediatamente después del que no se viese con ánimo de defenderla, recorriendo grado por grado todos los oficiales del ejército; por parecer que el marqués abandonaba a Tarragona con retirarse al Vendrell.
Convocado el consejo para las nueve de la noche, manifestó Campoverde estar resuelto a todo trance a la defensa de Tarragona, por cuyo motivo no se estaba en el caso de lo que las cortes mandaban; pero que si algún jefe había que se considerase capaz de obrar mejor de lo que él hacía, estaba pronto a entregarle el mando. Abierta la discusión sobre el punto principal, resolviese por fin después de media noche, que supuesto que el recinto de Tarragona no tenia brecha abierta, que la guarnición era escogida y estaba bien dispuesta, bastaba encargar al comandante general del cantón, que hiciese la guerra por las calles a imitación de Gerona y Zaragoza, y que a todo apuro se diese una acción, incomodándose entre tanto al enemigo con toda suerte de hostilidades. Contra lo cual justamente protestó la superior, haciendo estrechísimamente responsables a cuantos jefes firmaron la resolución adoptada, de la pérdida de Tarragona.

(Blanch, 1863)

26 DE JUNY

Procedentes de Cádiz llegaron el 26 delante de Tarragona sobre 1200 ingleses a las órdenes del coronel Skreet, el cual tomando tierra aquella noche pasó a ofrecer su auxilio al comandante general. Contestóle éste atentamente que si desembarcaba su gente y la entraba en Tarragona sería recibido con alegría general y tratado como merecía, y que eligiese el puesto que prefería defender; pero de ningún modo quería mandarle ni aconsejarle cosa alguna.

(Blanch, 1863)


27 DE JUNY

Al día siguiente, el 27, pasó Skerret con los comandantes de artillería e ingenieros de su división a reconocer el frente atacado, después de lo cual y conociendo sin duda cuan escasa gloria les aguardaba en punto tan apurado, volvieron se todos a sus navíos, sin dar a la plaza el menor socorro, antes ocasionando con su estéril llegada y su retraimiento gran desaliento en la guarnición, que abandonada de todo auxilio exterior se veía.
El propio día entró el barón de Roles, acompañado del oficial de estado mayor D.Mariano Villa, comisionados por Campoverde para reconocer el estado de las fortificaciones, y habiéndolas visitado detenidamente, e informados de cuanto les convenía, regresaron al cuartel general, donde manifestaron el abatimiento en que se hallaba la guarnición, y que aún cuando el estado y la posición de la plaza ofrecía buena defensa, imitando a Zaragoza y Gerona, creían que según la decadencia de espíritu que reinaba, no se prolongaría como se había esperado; y que aunque lograsen los enemigos abrir brecha en el frente atacado, y el asalto no fuese contenido en el primer recinto, la línea de la Rambla era capaz de sostener un ataque impetuoso.
Consultó Campoverde con los aliados, y de acuerdo con los mismos, atendida la relación que Eroles y Villa acaban de hacer, resolvió abandonar la plaza, sacar la guarnición, unirla al ejército y marchar con rapidez a destruir el bloqueo de Figueras.
Algo había sin embargo de modificarse estos planes. Eroles había ofrecido antes de su salida de Tarragona, como se publicó, que el 29 se daría el ataque tan esperado, a cuyo fin volvería el barón para mandar los 4000 hombres de la guarnición, destinados a embestir por el frente a los imperiales, en tanto que el ejercito de operaciones lo verificaría por ambos flancos y retaguardia. Mas no había aún finido el 27, que entró en la plaza el coronel O’Ronan con orden de Campoverde para sacar 3000 hombres. No pudiendo el jefe de la ciudad eludir tan expreso mandato, consintió a pesar de los aprietos en que se hallaba, en desprenderse del regimiento de Almería, compuesto de 900 plazas, sin el cual debían quedar al descubierto los puntos que ya en 10 de junio manifestaba el marqués a la junta del principado que no podía tan escasa guarnición cubrir militarmente. Pero O’Ronan, por una chocante inconsecuencia, se hizo a la vela sin volver a parecer en busca de la tropa, que dispuesta le aguardó toda la noche junto al fuerte de la Reina.
Durante este tiempo habían los franceses concluido su segunda paralela a 60 toesas del segundo recinto y armado sus baterías.

(Blanch, 1863)

Els últims 28 dies del Setge de Tarragona de 1811 (2a. Part)


7 DE JUNY

Anoche fue atacado el fuerte de Orleáns con gran empeño y vocerío. La serenidad con que se portaron sus defensores, contuvo la temeridad de los enemigos que fueron arrojados con mucha pérdida, y puestos en precipitada fuga hasta su línea. Al amanecer de hoy rompieron su fuego contra nuestros fuertes, y especialmente contra Francolí, que quedó destruido enteramente por el fuego de 7 baterías; pero su guarnición se mantuvo firme hasta que su comandante el coronel D. Antonio Roten, viendo la imposibilidad de subsistir en el fuerte por estar desmontadas todas sus piezas, arruinados los merlones, y por la pérdida que experimentaba, determinó a las 7 de la tarde retirarse con arreglo a sus instrucciones, después de haber salvado parte de la artillería, destruido la restante, y retirado y conducido a la línea las municiones y demás enseres en medio del más vivo fuego. La pérdida del enemigo fue grande; la nuestra fue de 26 muertos y 113 heridos, entre ellos 2 oficiales. Se señaló D. Vicente Arroyada, distinguido del regimiento de Granada, que mató a uno de los enemigos, recogió su fusil, y fue el primero a asaltar un parapeto que se les obligó a abandonar.
(La Gaceta, 1811)

Al amanecer del 7, empezaron a batir en brecha este punto, con 7 piezas de a 24, colocadas en cinco baterías. La disposición de todas las que contra los fuertes y plaza se dirigían, era la siguiente: Olivo; parapetos a retaguardia del mismo; falda de su montaña; espacio entre ella y la del Loreto; barranco a la derecha del primer punto; reducto del punte del Francolí, y derecha e izquierda del camino de Reus. El fuego duró todo el día con la mayor actividad contra el Francolí, la línea, caserío del puerto y la ciudad. La metralla del fuerte y las bombas y granadas de la plaza no consiguieron, a pesar del destrozo que causaron en el enemigo, apagar sus fuegos de bala rasa y hueca. Los españoles se mantuvieron firmes en sus puestos en medio del más horroroso cañoneo, hasta que viendo el general del cantón el mal estado del fuerte, previno a Sarsfield que obrase según las circunstancias, y este hizo igual prevención al coronel Roten que mandaba en el punto combatido. Vista por este jefe, a las diez de la mañana, la imposibilidad de prolongar la resistencia , por estar casi todas las obras desmontadas, destruido el revestimiento de tan débil obra, arruinados los merlones de las baterías y ser grande la perdida de hombres, determinó aguardar a retirarse a las siete de la tarde, como lo verificó después de haber salvado parte de la artillería, destruida la restante, y retirado y conducido a la línea las municiones y demás efectos, arrostrando la granizada de balas que los enemigos le dirigieron.

Al mismo tiempo hacían prodigios de valor por el lado de Torredembarra las guerrillas de la división Courten, a las órdenes del bizarro teniente D. Juan Abella, señalándose en saltar el primero un parapeto enemigo el distinguido de su cuerpo D. Vicente Arroyada.

Sin medir pues asalto, ocuparon los sitiadores el fuerte de Francolí, como a las nueve de la noche, a la media hora de ser volado por los españoles. Al propio instante atacó una columna con estrepitosa gritería el rastrillo de la izquierda de la luneta del Príncipe, donde su comandante el teniente coronel Subirachs, tenia colocada una compañía, que mandaba el capitán Gonzalez Trigueros; por lo cual fue aquella recibida con entereza. Una buena partida de enemigos se introducía ya por el foso, teniendo la osadía de subir por la cortina y merlones del fuerte hasta dar con las bayonetas españolas que les contuvieron. Siguió la porfía de los acometedores hasta media noche en que fueron definitivamente escarmentados.
(Blanch, 1863)
A pesar de todo, al amanecer del día 7, rompió el fuego la artillería francesa con 25 piezas, distribuidas en 5 baterías, contra el fuerte de Francolí, sufriendo todas muchísimo, especialmente la de brecha n.9, por el fuego de la plaza y de los cañones, colocados en la extremidad del muelle. A las seis de la tarde, estaban sin embargo, practicables las brechas del fuerte y de la cortina comunicación, y Suchet dispuso el asalto.

Los españoles habían hecho más de 8000 disparos desde todas las baterías del frente atacado, causando muchísimas bajas al enemigo, a pesar de estar abrigado en sus trincheras; pero vista la imposibilidad de mantenerse en el fuerte y de prolongar la resistencia, estando casi todas las 7 piezas que quedaban desmontadas, destruidos los revestimientos, ya por sí en extremo débiles, y con gran perdida de hombres, el Gobernador, que lo era el Coronel Roten, del regimiento de Almansa, por orden de sus jefes, se retiró a la plaza a las siete de la tarde, después de evacuar gran parte de la artillería y las municiones, destruyendo lo restante. De 29 artilleros que servían las piezas, perecieron 24 quedando herido del teniente D. Juan Barbaza, que los mandaba, y que abandonó el último aquel puesto, con el sargento 2º Miranda, de quien se hacen también grandes elogios.

A las diez de la noche avanzó el enemigo en tres columnas, y sin resistencia se apoderó del fuerte ya abandonado por sus defensores, intentando enseguida una sorpresa contra el rastrillo de la luneta del Príncipe, defendida por el Capitán González Triguera, que les rechazó con perdidas considerables, después de una lucha encarnizada sostenida bravamente por los valientes del regimiento de Almansa que guarnecían esta obra, así como el fuerte perdido del Francolí.

En cuanto fueron los franceses dueños de aquel punto, volvieron con gran diligencia los parapetos contra la plaza, y establecieron comunicaciones a retaguardia bajo la dirección del Coronel de Ingenieros Henri que llevó a cabo la operación con gran pericia, a pesar del horroroso fuego que se hacia a los trabajadores, y de ser considerables las pérdidas sufridas. Dentro del fuerte encontró el enemigo dos cañones de a 12 inutilizados.
(Salas, 1882)
El día 7, al amanecer, rompieron fuego con todas sus baterías disponibles – 25 piezas a la vez_ contra el fuerte del Francolí, viéndose en él, a las siete de la tarde una gran brecha perfectamente practicable. La artillería de este fuerte consistía en siete piezas de distinto calibre, mandadas por el teniente Juan Barbaza, el sargento segundo Miranda y 28 artilleros. Hizo grandes estragos en la batería IX, encargada de abrir brecha, pero por la tarde todas las piezas estaban desmontadas y sus sirvientes muertos o heridos. La situación se complicó con la voladura del repuesto de pólvora, que aumentó las bajas, produciendo una herida a Barbaza, quien no obstante, siguió dirigiendo el fuego con imperturbable valor. A las siete de la tarde, el general Contreras ordenó la evacuación del fuerte, cuya guarnición se llevó la poca artillería útil que aún quedaba.

A las diez de la noche los franceses avanzaron en tres columnas, y sin resistencia se apoderaron del fuerte, abandonado por sus defensores tres horas antes. Tan sólo encontraron un mortero de a 12 y dos culebrinas de igual calibre, inutilizadas.
Inmediatamente se dirigieron contra la luneta del Príncipe intentando tomarlo por sorpresa, más la fortuna no les acompañó, siendo rechazados por la guarnición, con bastantes bajas.

La toma del fuerte del Francolí ofreció, sin embargo, a los sitiadores la inmensa ventaja de inutilizar por completo el puerto, impidiendo la estancia en él de los barcos de guerra y de las cañoneras, que tan buenos servicios habían prestado hasta entonces. Todas las fuerzas navales tuvieron que trasladar sus fondeaderos al otro lado de la punta del Milagro, lejano del frente de ataque y libre de los fuegos de la artillería francesa.
(Recasens, 1965)


8 DE JUNY

Anoche a las 8 y media abandonamos el fuerte del Francolí que estaba ya sin fuegos e inútil, y a las 9 lo ocuparon los enemigos. Estos a continuación intentaron asaltar la luneta del Príncipe, pero fueron recibidos con serenidad por las tropas que la defendían a cargo del teniente coronel D. Miguel Subirachs, y finalmente rechazados después de 3 horas de combate, dejando muchas armas y cadáveres, entre estos el de un oficial de graduación.
(La Gaceta, 1811)

En los días 8, 9, 10 y 11 continuóse por los franceses la segunda paralela, de noche a la zapa volante, y de día a la zapa llena, en una extensión de 600 metros hasta la comunicación con el fuerte de Francolí, que quedó 100 metros a retaguardia, estando el centro de la trinchera a 80 metros del baluarte de Orleáns, y su derecha a 100 metros de la luneta del Príncipe. También se construyó otra comunicación entre las paralelas y se abrió un nuevo ramal a retaguardia de la primera. La artillería empezó en la gola del fuerte tomado, la batería n.14 de seis piezas de 24, destinada a cerrar enteramente el puerto, y añadió otro cañón a la batería n.9 y dos morteros a la n.13, que comenzó a arrojar bombas sobre el baluarte de San Pablo.
(Salas, 1882)

A partir del 7 de junio siguieron los franceses construyendo la segunda paralela, de noche a la zapa volante y de día a la zapa llena. Dejaron el fuerte del Francolí 100 metros a su retaguardia, mientras la luneta del Príncipe quedaba a otros tantos a su frente. Ochenta metros separaban el centro de la trinchera del baluarte de Orleáns, debiendo terminar la línea atrincherada por su izquierda, muy cerca del reducto que era final de la primera paralela.

La artillería, por su parte, siguió levantando baterías, armándolas para atacar distintos puntos del recinto de la ciudad baja:
En la gola del fuerte del Francolí montó 6 piezas de a 24 para aplicarlas en cerrar el puerto a las naves amigas de la plaza (Batería XIV). Aguas arriba del río, en su margen izquierda, promediando la distancia entre el mar y el primer puente, estableció otra batería de cuatro obuses para batir el interior de la ciudad baja (Batería XV).

Delante de la batería XV, muy próxima a la segunda paralela, otra batería formidable, la XVI, artillada con 7 cañones de a 24, tres de a 16 y dos morteros, daba de frente a la luneta del Príncipe y a la media luna del Rey.
Así pegada a la segunda paralela, la batería XVII, artillada con ocho cañones de a 24, estaba destinada a abrir brecha en la cara y flanco izquierdo del baluarte de Orleáns. Como la anterior, casi pegada también a la segunda paralela aunque algo más al norte, la batería XVIII, constituida por tres cañones de a 16, tenia que utilizarse para batir de rebote la cara izquierda de la media luna del Rey y el flanco y cara derecha del fuerte de San Carlos.

Una última batería, la XIX, con tres piezas de a 24, situada al principio del tercio final de la segunda paralela y adelantada respecto a ella, batía la cara izquierda del baluarte de Orleáns y, de revés, la batería de San José, próxima al mar.
En total se trataba de cinco baterías con 28 piezas, todas de grueso calibre. Además, los franceses añadieron un nuevo cañón a la antigua batería de brecha levantada contre el fuerte del Francolí, y dos morteros en la establecida en el reducto final de la primera paralela.

En la construcción de todas estas baterías trabajaron hasta el día 12, y en su artillado hasta el 16, incomodados por frecuentes incursiones de fuerzas de la plaza que les causaban destrozos y bajas entre los trabajadores.
(Recasens, 1965)

9 y 10 DE JUNY
No hay información

11 DE JUNY

En la noche del 11 se empezaron tres ramales, desde la segunda paralela hacia el baluarte de Orleáns, la media luna del Rey, y la luneta del Príncipe. El general de artillería Vallée, ordenó la construcción de otras cinco baterías para contrarrestar a las de la plaza, que no cesaban en su bien dirigido fuego: la nº15, con cuatro obuses destinados a enfilar el gran frente comprendido entre el fuerte Real y la ciudad alta; la nº16, armada con siete piezas de 24, tres de 16 y dos morteros, debía batir la cara izquierda de la luneta del Príncipe, y contrabatir la media luna del Rey la nº17, con ocho piezas de 24, se proponía abrir brecha en la cara izquierda y el flanco del baluarte de Orleáns, en la cortina de detrás y en el baluarte de la derecha del fuerte Real; la nº18, podía con sus tres piezas de 16, batir de rebote la cara izquierda de la media luna del Rey, y la cara derecha, así como el flanco derecho del baluarte de San Carlos; la nº19, con tres piezas de 24, enfilaba la cara izquierda del baluarte de Orleáns, y cogía de revés la batería de San José, delante de la cortina de San Carlos.
(Salas, 1882)

12 DE JUNY

Adelantaron los franceses por el centro la segunda paralela, arrimándose a 35 toesas del ángulo saliente del camino cubierto del Baluarte de Orleáns. El cansancio en los trabajos enemigos había sido extraordinario. Así hubo de juzgarlo Contreras cuando envió tan a tiempo la noche del 12, unos 300 granaderos mandados por el capitán Villamil, que cayendo con el mayor silencio e  improvisadamente sobre la primera y segunda zanja de los enemigos a quienes el sueño y la fatiga acababa de rendir, los pasaron todos a cuchillo. Sarsfield con otros 300 verificó al mismo tiempo por su lado una salida sobre los trabajos del sitiador, llevándolo todo a sangre y fuego. Soldados y paisanos, hombres y mujeres se distinguieron notablemente aquella sangrienta noche.
(Blanch, 1863)
Los días 12, 13, 14 y 15 se avanzaron los ramales contra los puntos amenazados, haciéndose todos estos trabajos con gran inteligencia, serenidad y arrojo, a pesar del terrible fuego de la plaza, que disparaba constantemente en todas las direcciones, apoyando a los tiradores, que también molestaban mucho a los franceses, quienes tuvieron muchísimas bajas, entre ellos varios distinguidos jefes y oficiales de ingenieros y artillería.

Efectuó la guarnición en aquellos días algunas salidas de la plaza, intentando el general Courten dos o tres ataques por el camino de Barcelona contra la división italiana, aunque siempre hubo de retirarse con pérdidas; verificándose asimismo otras varias por el frente atacado, sin más fruto que retardar algún tanto los trabajos del sitiador, sobre todo, una que fue dirigida por el mismo Sarsfield, al frente de 3000 hombres. En todos estos combates no fueron pequeñas las pérdidas sufridas por los españoles, pues ambos contendientes se batían con un arrojo y encarnizamiento inauditos; refiriendo un testigo ocular, que al irse a relevar el puesto de una contraguardia de la luneta del Rey, se encontraron todos sus defensores muertos en el parapeto sin haber intentado siquiera retirarse.
(Salas, 1882)

Parte militar del Cáp. D.José Villamil


“Al comandante general de este Cantón.- Acaban de efectuarse las ordenes de VS. para que se atacasen las zanjas de los enemigos al frente de la luneta del Rey, con los granaderos del 3º y 4º batallones de este ejercito que como capitán más antiguo tuve el honor de mandar estos verdaderos soldados y se ejecutó en los términos siguientes. A las dos de la noche del día de hoy formé en batalla los dos batallones compuestos ambos de 300 hombres, fuera del glacís y enseguida emprendimos la marcha hasta la primera zanja a la que saltaron desde el primer capitán hasta el último soldado, matando a la bayoneta cuantos enemigos tenían la osadía de esperarnos. Seguimos a la segunda y se ejecutó lo mismo, corriéndonos a la derecha hasta los extremos de ella, según las ordenes que tenía. Al mismo tiempo tuve aviso de que los enemigos nos cargaban, lo que observado por mi y los fuegos que empezamos a sufrir por retaguardia, dispuse mi retirada, ejecutándola con todo orden a la poterna de la cortina Real, por el foso de la Noria según se me había prevenido. Los enemigos han tenido una pérdida considerable, entre ellos un capitán y un subalterno; se les ha hecho un prisionero, cogido diferentes mochilas, fusiles, morriones y otras prendas de vestuario.
Nuestra pérdida consiste en 6 heridos y un muerto del 3er batallón y el capitán D. Manuel Reyna, de las bayonetas de nuestros granaderos; el capitán D. José Quirós y 5 soldados heridos, con 3 muertos del 4º.
Tarragona, 12 de junio de 1811
(Alegret ,1911)

13 DE JUNY

El capitán D. José Villamil hizo anoche una salida con 300 granaderos, entró en la primera y segunda zanja de los enemigos, pasó a cuchillo a cuantos no huyeron, incluso 2 oficiales, y se volvió a la plaza, trayéndose un prisionero y varios efectos, sin más pérdida que 4 soldados muertos, y 2 oficiales y 11 soldados heridos.- Esta mañana avistamos el convoy que conduce la división del ejercito de Valencia que viene a nuestro socorro; han saltado en tierra algunas tropas y se han embarcado otras.
(La Gaceta, 1811)

14 DE JUNY

El 14 arribó a la playa del Milagro una escuadra inglesa de dos navíos, cuatro fragatas, cuatro bricks y treinta barcos de transporte, conduciendo una división valenciana de 4000 hombres, al mando del general Miranda, y además, un refuerzo de 400 soldados sin armas, que desembarcaron en la plaza, continuando los demás para Villanueva, incorporándose el 16 en Igualada a Campoverde, quien reunió así bajo sus ordenes 9500 infantes y 1200 caballos, fuerzas muy suficientes, sobre todo si se sumaban con las que seguían a Eroles, Villamil y otros caudillos, para acudir en auxilio de Tarragona, según aconsejaba la prudencia más vulgar, y el interés propio.
Así también opinaba Contreras con la Junta Superior del Principado y muchas otras personas, siendo esto motivo de comunicaciones agrias, que con el disgusto que existía entre ambos generales, llegaron hasta el extremo de decir Campoverde al gobernador, que entregara el mando a cualquier jefe, si no se sentia con energía para defender la plaza; suposición altamente gratuita e injuriosa, pues que nunca falto el valor ni la decisión. Animados con la llegada de aquellos refuerzos, intentaron ponerse en comunicación con el ejercito de auxilio en varias ocasiones, logrando romper la línea una fuerza considerable de caballería, que por la carretera se incorporó a Campoverde en Torredembarra, después de sostener un peque lo tiroteo en Altallulla con las fuerzas sitiadoras.
(Salas, 1883)

15 DE JUNY

Los enemigos han continuado aproximando sus zanjas, de las que hay algunas tan cercanas que se les tiran bombas con 8 onzas de pólvora. Se teme que trabajen alguna mina.
(La Gaceta, 1811)
Establecidos los imperiales en el fuerte del Francolí, colocaron en él una batería de 6 piezas de a 24 con el objeto, de echar del fondeadero las embarcaciones de junto el muelle; mas previsto por Contreras el intento, las hizo salir con tiempo y fondear en la bahía fuera del alcance de los cañones enemigos. El día 15 se habían aproximado ya tanto las zanjas, que a algunas de ellas arrojaban los nuestros bombas con solo 8 onzas de pólvora.
(Blanch, 1863)

16 DE JUNY

Concluidas las baterías en la noche anterior, rompió el enemigo al amanecer de hoy un fuego horroroso de municiones huecas, bala rasa, palanqueta, metralla y fusilería con dirección a los fuertes de la línea y población del puerto, en el que se incendiaron varias casas y campamentos. Los fuertes del Príncipe, Real, Orleáns y Rey padecieron infinito en sus merlones y muralla, quedando brechas abiertas, pequeñas o grandes, en todos ellos. Inmediatamente después de haber anochecido, se dispuso que la compañía de zapadores se repartiese en todos los puntos destruidos para su recomposición. A las 10 de la noche, estando reparándose los merlones y brecha del Príncipe y estacada de la izquierda, fueron esta, aquel y su derecha atacados por los enemigos, y forzadas sus brechas a la bayoneta, después de haberse defendido todos los puntos en lo posible. Los retenes del camino cubierto y parapeto de esta se replegaron sobre la plaza con alguna pérdida, viéndose atacados por los flancos y frente. – El ataque brusco y arrojado de los granaderos enemigos, la proximidad de este al fuerte, y la fácil entrada en él, no dio más lugar a sus defensores que para el uso de algunas granadas de mano y la bayoneta. El general de la línea a los primeros rumores puso la reserva sobre las armas, cubrió sus puestos, y pasó con un batallón del segundo de Saboya a la batería de S. Carlos al mando de su sargento mayor D. Manuel Llauder. El enemigo, que se hallaba al pié del fuerte, envuelto con nuestras tropas, se apoderó de S. José, y cortó las cuerdas del puente levadizo. El regimiento de Almería reforzó el punto de S. José é izquierda del puente: los fuegos de ambos cuerpos y metralla de S. Carlos hicieron replegar al enemigo, el que repitió por tres veces y con mayores fuerzas sus ataques, pero con todo fue rechazado (muriendo allí el francés Javersac que mandaba el primer cuerpo de ataque- Blanch,1863); y saliendo voluntarios 10 soldados de Saboya, levantaron y aseguraron el puente, quedando los enemigos en la estacada derecha del Príncipe donde permanecen, habiéndose oído trabajos toda la noche en dicho punto. Al amanecer de este día queda el enemigo en la derecha: los fosos y campamento inmediato a S.José y S.Carlos están cubiertos de sus cadáveres. El fuego del día ha sido terrible, y la serenidad y constancia de los oficiales y tropa superior a todo elogio.
(La Gaceta, 1811)
Concluidas el 16 las baterías, rompió al amanecer el sitiador…… De los 16 granaderos de Toledo que formaban la guardia de la luneta del Príncipe, solo uno, Valentín Dalmases, quedaba al día siguiente.
(Blanch, 1863)

Rompieron el fuego las baterías francesas el 16, con 54 piezas de grueso calibre, contra los puntos señalados, y contestó la plaza con un cañoneo no menos intenso, unido al nutridísimo fuego de fusileria que se hacia desde los parapetos y trincheras, y a una distancia tan corta, que era en extremo mortífero. Según los partes franceses, excedieron de 200000 cartuchos de fusil los que consumieron los sitiadores, calculándose en 800000 los de la plaza, consiguiendo causar gran confusión en las trincheras y un desorden momentáneo en algunas baterías, sobre todo en la nº16, que, sin embargo, se rehizo y continuó el fuego al poco tiempo. Las baterías de la plaza tuvieron varias piezas desmontadas y una perdida de 32 artilleros muertos y 48 heridos, entre los cuales los tenientes Ladrón de Guevara y Solanes.

A las nueve de la noche de dicho día, dos columnas francesas, mandados por el comandante Javerssac, reunidas en la cabeza de la zapa, dirigieronse contra la luneta del Príncipe, y avanzaron para atacarla, saltando una al foso y aplicando escalas a la brecha apenas empezaba, y la otra, dirigiéndose por la playa a entrar en la gola de la obra, por objeto de sorprender a la guarnición, como así lo verificó. Defendieronse a pesar de ello los españoles mandados por el Teniente coronel Subirachs, con valor y tesón, batiéndose al arma blanca; y a excepción de unos pocos que se replegaron sobre la playa, todos murieron o quedaron prisioneros, estando heridos la mayor parte de estos, entre los que debe citarse al subteniente de artillería San Martín, que mandaba las piezas. De 16 granaderos provinciales que montaban la guardia en el reducto, tan solo uno quedó con vida, los demás cubrían con sus inanimados cuerpos el puesto que se les había señalado. Puso Sarsfield, desde que tuvo conocimiento del ataque, las reservas sobre las armas, acudiendo al baluarte de San Carlos con un batallón del 2º de Saboya, al mando del sargento mayor Llauder, y reforzando con el regimiento de Almería la batería de San José, puntos ambos que atacaron por tres veces los enemigos, envalentonados con la toma de la luneta, siendo rechazados con muchísimas bajas, entre ellas el comandante Javerssac; en la batería fue herido el subteniente Blanco, de artillería, con siete individuos de tropa y dos muertos. Apoderóse el enemigo en la luneta de siete piezas, y con grande actividad procedió, bajo la dirección del Coronel Henri, a volver el parapeto y disponer alojamiento para los que habían de guarnecerle.
Las pérdidas sufridas por ambas partes eran ya considerables desde el principio del sitio, pues si los sitiados, teniendo llenos sus hospitales, habían ya evacuado tan solo por medio de la escuadra 3418 heridos a Villanueva y las Baleares; los franceses, según consta en sus documentos oficiales, habían perdido un general, 2 coroneles, 15 jefes de batallón, 19 oficiales de ingenieros, 11 de artillería, 120 de infantería y más de 2.500 soldados. Todavía, sin embargo, no se habían apoderado sino de tres obras fortificada y les faltaba hacerse dueños de la ciudad baja y después, de la alta.
(Salas, 1882)
Las baterías francesas rompieron el fuego el día 16 con 54 piezas de grueso calibre, al que contestaron las de la defensa con otro terrible y destructor, secundado por el de fusileria, muy mortífero, a la corta distancia de 120 metros, que produjo al enemigo gran número de muertos y heridos, arruinó parte de la paralela e introdujo la confusión y el desorden en las trincheras y baterías de los sitiadores.

Las de los fuertes tuvieron a su vez varias piezas desmontadas, 32 artilleros muertos y 48 heridos, contando entre estos los tenientes Sres. Ladrón de Guevara y Solanes.
Por la noche asaltaron 2 columnas la luneta del Príncipe, una por la gola y otra por la cara izquierda no flanqueada, haciéndose el enemigo dueña de ella. La guarnición del 2º de Almansa se defendió con bizarría, a las ordenes del teniente coronel D. miguel Subirats, con pérdida de 100 muertos y 80 prisioneros, la mayor parte heridos, entre estos el subteniente de artillería Sr. Sanmartín.
(Alegret, 1911)

El 16 rompieron fuego…..Los sitiados contestaron con tal eficacia que destrozaron el centro de la segunda paralela y pusieron en desorden la batería XVI, de brecha, que los franceses dirigían contra la luneta del Príncipe. Desde el baluarte de S. Pablo se consiguió prender fuego al repuesto de la batería XVII, de cañones de a 24, que daba frente al baluarte de Orleáns. Aún así, al caer la noche, el enemigo consiguió abrir brecha en el baluarte de Orleáns.
No obstante Suchet se decidió por el asalto de la luneta del Príncipe, a pesar de no tener brecha practicable, por entender que esta acción presentaba ventajas momentáneas. Conforme al plan de ataque concebido, a las 9 de la noche una columna envolvió la luneta por la playa, mientras otra, dirigiéndose a la cara no flanqueada, saltaba al foso, rompía la empalizada y escalaba el parapeto algo quebrantado aunque sin ningún boquete. Al mismo tiempo, la primera columna entraba en el fuerte por la gola. El efecto que este ataque combinado de las dos columnas produjo entre los defensores, fue el que causan las sorpresas. Los que no pudieron replegarse a la plaza fueron muertos o heridos en la lucha cuerpo a cuerpo, quedando prisioneros, como ocurrió al subteniente de artillería Sanmartín.
Corriéronse los franceses a la batería de San José y la atacaron por tres veces, pero fueron rechazados con muchas bajas, entre ellas el comandante Javersac. Esta reacción española se produjo a la llegada de un batallón de Saboya y otro de Almería al mando del coronel Llauder.
Tales fueron los sucesos del día 16 en que los franceses se apoderaron de la luneta del Príncipe, de 7 cañones, desmontaron varias piezas de la defensa y causaron 350 bajas a los sitiados.
(Recasens, 1965)

El Fortí dels Ermitans: El 1er cinturó de fortificacions de la ciutat de Tarragona (1a. Part)

 Reducte militar segons planimetria d’època

Utilitzat per a vigilància dels camins propers a la principal via de comunicació de la ciutat de Tarragona amb Barcelona, el Fortí dels Ermitans és un dels més desconeguts punts defensius de la ciutat durant la Guerra del Francès.

 

 Construït entre les anys 1809-1811 conjuntament amb el Fortí del Loreto i el Fortí de l’Oliva, formaven el 1er. cinturó defensiu de la ciutat; el més allunyat.

Mal anomenat “Fortí”, era un Reducte quadrat de petites dimensions, situat en un paratge privilegiat per poder observar el moviment de tropes de tot el seu voltant.

Malauradament, tant aquest com el Fortí veí del Loreto van ser abandonats per les tropes locals poc abans de començar el Setge de Tarragona de 1811.

 

 Aquest Reducte tenia unes dimensions aproximades d’uns 25 m. x 20 m.    amb un fossat d’uns 3 m. d’ample per uns 3 m. de fons. Estava protegit per espitlleres per a fuselleria i tenia un petit habitacle el mig de la construcció.

En l’actualitat el seu estat de conservació es força bo, tot i estant cobert de molta vegetació,  conservant-se en molt bon estat el seu fossat i tot el pur perimetral del reducte fins a nivell de fossat. Les estructures  interiors estan molt malmeses però encara es pot fer un l’idea de com era.

Ara fa uns dies vam anar a fer una volta pel seu entorn i vam realment contemplar les magnífiques vistes que des de ell es veien, amb un angle de visió de quasi 360 graus que domina tot el territori proper a la ciutat.

Us passem unes fotografies d’aquestes vistes i de l’estat de conservació que encara avui es troba aquest mal anomenat Fortí dels Ermitans.

Elies Torres Claravalls